Cómo favorecer el desarrollo de identidades positivas en la infancia y particularmente en la primera infancia es una pregunta que deberíamos hacernos en la actualidad. Pues la identidad se va desarrollando desde que nacemos.
Los psicólogos y otros profesionales, así como organizadores de programas están de acuerdo en que infundir un sentimiento “positivo” respecto a la propia identidad es una de las metas principales a la que se debe llegar. Es un importante prerrequisito para el desarrollo de la resiliencia, que permite al niño o al joven afrontar los retos que plantea el crecimiento, especialmente cuando viven en un entorno hostil. (Brooker y Wodhead 2008, pag 12)
Cuando los niños/as pequeños/as crecen en circunstancias adversas, consolidar la identidad y estabilidad de sus familias puede ser el mejor modo de fomentar el desarrollo personal positivo de los niños/as.

La identidad de los niños/as durante la lactancia y la primera infancia está íntimamente vinculada con la identidad colectiva de sus familias y comunidades. Los/as niños/as que comprenden que su familia o su grupo cultural están estigmatizados o son víctimas de cualquier otro tipo de discriminación, necesitan mayor apoyo para aumentar su autoestima y sentido del propio valor. Este apoyo puede ser brindado mediante el suministro de asistencia a su familia. En muchos países del denominado “mundo mayoritario” se ponen en práctica programas destinados a apoyar el desarrollo de la identidad y el bienestar de los/as niños/as mediante la asistencia a los padres y madres. Abarcan desde grupos informales y locales de autoayuda hasta programas minuciosamente estructurados, administrados por los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales. (Brooker y Woodhead 2008, pág 22)
Un ejemplo es “El proyecto Jakon Nete” que inició en el año 2018 en la ciudad de Pucallpa-Perú es un proyecto de trabajo comunitario que nos enseña la importancia de actuar desde la realidad, escuchando las necesidades, demandas y dinámicas propias del lugar; reconociendo los vínculos positivos arraigados en la comunidad. En este sentido por más que esta intervención social estuvo diseñada para grupos etarios establecidos previamente. Frente a la demanda se incorporó los “Circulos de mujeres”, conformar este grupo fue una iniciativa surgida en el proceso de la intervención cuando se empezó a trabajar con niños y niñas. Era fundamental contar con un grupo de mujeres de confianza, sensibilizadas y conscientes de sus derechos y de los derechos de los/las niños/as. Se llegó a conocerlas como consecuencia del trabajo con sus hijos e hijas y se entendió la importancia de abordar el autocuidado mediante una red de protección de los niños y niñas de primera infancia de la comunidad. Así podrían compartir entre ellas sus prácticas de crianza desde pequeños, transmitir conocimiento a las madres nuevas y gestantes.

Se tiene la concepción de que estas intervenciones tienen que basarse en modelos deficitarios, según los cuales se consideraba que las madres necesitaban formación e intervenciones por pertenecer a una clase social baja o por contar con escasa preparación cultural (Swadener y Lubeck, 1995; Soto, 2002). Sin embargo, los proyectos como la intervención Jakon Nete están articulados de manera más positiva y se esfuerzan por acompañar a la comunidad mediante una amplia participación local y guardando respeto por las culturas locales. Este proyecto respeta las “bases de conocimiento” (González y otros, 2005) que las familias aportan a la crianza del niño. Al mismo tiempo reconocen que una vasta gama de circunstancias adversas que rodean a la familia y cómo estas pueden ejercer un impacto negativo en el desarrollo de la identidad de los/as niños/as de primera infancia. (Broker y Wodhead 2008, pág 22)
Al incrementar las habilidades y autoestima de las madres, se promoverá la creación de un ambiente positivo para la formación de la identidad de los niños/as pequeños/as. (Swadene, 1995).



