Diana Peña: Del sueño infantil a la realidad gracias a Jakon Nete
Con apenas 22 años, Diana Peña es un ejemplo vivo de cómo las oportunidades adecuadas pueden transformar vidas. Hoy es asistente del proyecto Jakon Nete, pero su historia con esta iniciativa comenzó mucho antes, cuando aún era una adolescente con grandes sueños y pocos recursos.
En el año 2018, Diana ingresó al grupo de Adolescentes del proyecto. Allí descubrió un espacio para expresarse a través del arte, aprendió nuevas habilidades y, sobre todo, ganó la confianza para soñar en grande. Desde niña deseaba estudiar y convertirse en profesional, pero las limitaciones económicas amenazaban con frenar ese anhelo.
“Antes de saber que iba a ser asistente del proyecto, pensaba en trabajar y estudiar”, dijo Diana.
Tras terminar el colegio, intentó abrirse camino: probó un curso de corte de pelo, que no le gustó; luego estudió costura, donde se sintió más cómoda y con el apoyo de su madre culminó la capacitación. Sin embargo, no podía acceder a un instituto o universidad por falta de recursos económicos.
Todo cambió en 2023, cuando el proyecto Jakon Nete lanzó una segunda etapa con un nuevo objetivo: permitir que los jóvenes que habían pasado por el grupo de Adolescentes se convirtieran en asistentes y, a cambio, recibir el financiamiento para sus estudios superiores.
“Cuando me enteré de esta oportunidad, me pareció algo maravilloso. Mis sueños estaban más cerca de lo que imaginé”, cuenta emocionada.
No fue fácil decidir qué carrera seguir, pero su experiencia previa confeccionando ropa tanto de manera autodidacta como en actividades del proyecto la llevó a inclinarse por Diseño de Modas en el Instituto Senati. Actualmente cursa el sexto ciclo, muy cerca de graduarse.
Lejos de competir con sus compañeros, Diana valora cada pequeño logro personal.
“Para mí, competir con mis compañeros no es una opción; me alegro por cada cosita que voy logrando”.
Como asistente, ha trabajado con diversos grupos del proyecto: ashishines, ashishitxs, monstruos y adolescentes. Aunque la paciencia no era su mayor virtud, ha aprendido a adaptarse a las necesidades de cada grupo, dejando atrás miedos y limitaciones.

Para Diana, el apoyo del proyecto es más que una ayuda económica; es una puerta abierta a un futuro que antes parecía inalcanzable.
“Estudiar para mí es como un milagro. En nuestro barrio, todos los niños tienen sueños, pero la economía a veces no ayuda. Más aún siendo mujer, nos enseñan que debemos cocinar y tener un marido. Yo tuve el apoyo de mi mamá y eso lo cambió todo”.
Hoy, Diana no solo se ha desarrollado como profesional en formación, sino también como persona. Ha aprendido a amar el arte desde otra perspectiva y se imagina en un futuro enseñando y compartiendo sus conocimientos con otros jóvenes.
“Gracias por inventar este proyecto, por cada enseñanza, por la oportunidad, por la motivación que me dan. Aunque a veces dude de mí, gracias por recordarme lo valiosa que soy y por enseñarme a amar el arte”.





